Levanto la mirada,
el frente es el suelo.
La ciudad y sus grises,
su inmundicia y belleza,
me ve al pasar.
Le importa un carajo.
Mis ojos me pesan.
Me pesan
mis pasos pesados
que caminan
por calles vacías
llenas de injustos juicios
y miradas desgraciadas.
El humo en mi aire
me sabe bien
por lo mal,
me sabe mal
por la sal.
Ya ni lo siento.
Ya ni me importa,
ha pasado tanto ya…
Estoy cansado, tan cansado…

De pronto, la izquierda.
Magentas, rojos,
amarillos tenues,
violetas, verdes,
formas, figuras lejanas.
La montaña, la lejanía.
La paz…
Mis ojos se abren,
mis párpados
se aplanan,
mi tiempo
se revierte
suavemente…
Me doy cuenta.
Sonrío más. Sigo adelante.
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