14 de enero de 2025 – Qué ha pasado conmigo

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Mi querido lector, como te habrás dado cuenta, perdí mucho de lo que había escrito. Pero eso no significa, ni por asomo, que mi historia no sucedió. Sólo significa que ahora tendré que resumirla o expandirla para contarla mejor.

 

Podría hacer como el hermoso personaje interpretado por Michelle Jenner en la película «Nuestros Amantes» (De la cual hablaré pronto, por cierto) y decir «En resumen, he vivido… un poco», pero eso sería la salida fácil, y realmente no es poco lo que he vivido en estos cuatro años de entradas perdidas. Así que comenzaré por el punto donde logré recuperar este espacio.

 

2020

Sería tan sencillo fingir que este año no sucedió, poder saltar el calendario y seguir adelante. Pero eso, por supuesto, sería una falacia. El año 2020 no sólo cambió mi historia, sino que cambió la historia

 

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Cuando la pandemia comenzó, yo me encontraba trabajando desde casa. No hubo muchos cambios, excepto que dejé de salir a los pocos lugares a los que salía. Y ya salía a pocos por cuenta de mi última historia amorosa, que tiene un par de entradas que persisten en este sitio y que terminó abruptamente en una de las peores humillaciones que he recibido en mi vida. Un tema del que, quizás, hable en un futuro cercano.

Lo cierto es que, para finales de marzo, comenzaron unos meses amargos, en un principio, por la soledad. Sí, mi querido lector, si me conoces sabes que estoy acostumbrado a estar solo, y no es que me esté quejando, pero por primera vez en mi vida la soledad me afectó a límites que no imaginaba siquiera que existieran.

 

 

Y debes entenderlo de la mejor manera en que pueda explicarlo, mi querido lector: sentirme solo no es problema, y tampoco sentir que siempre lo estaré. Si Van Gogh pudo, ¿Por qué no podré yo? No, ese no era el problema. Tampoco tener el corazón roto, al fin y al cabo, «de eso y de andar a pie»

El problema es que antes, cuando me sentía solo, podía sentir y contar con que sólo era una sensación y que podía solucionarlo. En ese momento, y desde entonces, no he sentido lo mismo. Y eso es, en buena parte, debido a ella. Una mujer que, aunque le deseo lo mejor en su vida, resultó ser nefasta para la mía. Una mujer cuya historia, sin querer borrarla (Porque sería igual a negarla y tampoco deseo eso), he buscado esconder, así como he hecho caso a su petición expresa, que entre risilla y risilla hizo: «Haz de cuenta que tú y yo jamás nos hemos conocido».

Por estas fechas fue que surgió esta entrada, que te invito a ver si a bien lo tienes.

No puedo fingir que no nos conocimos, por lo que intenté borrar recuerdos. En parte, eso funcionó, pero no enteramente. Escribiré sobre eso pronto. Pero, por lo menos, puedo hacer lo que Will Smith le pidió a Chris Rock: Sacar su nombre de mis putos labios.

No volveré a pronunciar o a escribir su nombre, a menos que sea estrictamente inevitable. Jamás.

 

 

 

 

No pude volver a escribir poesía, no pude volver a escribir cuentos, no pude volver a escribir como antes más allá de unas cuantas entradas en este sitio, que hoy se perdieron para siempre, y lo más importante y doloroso: no pude volver a sonreír de verdad.

 

 

 

Lo cierto, mi querido lector, es que desde ese episodio mi mente entró en una especie de adormecimiento del cual no he terminado de espabilar, ni siquiera en este momento, mientras trato de escribir estas letras. Pero esto no es del todo culpa de ella, sino de algo más, a lo que me referiré más adelante.

Pero ese, sin duda alguna, fue el año en que mis problemas comenzaron.

 

Pero, eso lo contaré en una futura entrada. Terminé por darme cuenta de que esto será muy largo.

Buenas noches…

 

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