1 de febrero de 2025 – Qué ha pasado conmigo (Parte 2)

person writing on notepad

(Para ver la entrada anterior, da clic aquí)

2021

Desde el año 2020 ya estaba en problemas. Este año para mí fue… Nebuloso… Vapóreo.

La tristeza, el dolor y la rabia me invadieron tanto que, como había dicho en la entrada anterior, había olvidado lo que se sentía una sonrisa genuina. Siempre subir las puntas de tus labios y entrecerrar levemente tus ojos más por obligación que por una sensación de alegría genuina… Es algo que no le deseo a nadie.

Estaba adormecido. Tal vez como drogado, si es que así es que se siente. Mis días sólo… Pasaban. Sólo mi trabajo me permitía concentrarme por un momento en la realidad y me impidió sucumbir a mis demonios… Aunque no fuera tanto trabajo por hacer.

 

Y, sin embargo, la causalidad me tenía preparada una desagradable sorpresa. Los detalles precisos ya se me hacen borrosos a estas alturas, por fortuna y por desgracia.

Por desgracia, porque ya no te los puedo contar como quisiera, mi querido lector.

Por fortuna, porque ya no tengo que recordarlos cada que puedo.

 

 

 

 

 

Fui a un conocido bar de rock de la ciudad una tarde cualquiera. Logré llegar al lugar y ubicarme en una cómoda silla antes de que la lluvia me alcanzara. El lugar era muy agradable aquella tarde y, por supuesto, la música mejoraba mucho el sabor de la cerveza. Era una tarde agradable para mi…

… Hasta que no lo fue.

 

 

man standing in front of the window

 

«Hola, ¿cómo estás?» Escuché a mi derecha. Giré la cabeza, descubriendo a una chica joven, bien vestida y en una tónica relajada y juvenil. Su rostro me era familiar pero no enteramente. Cuando le devolví el saludo, como suele pasar conmigo, mi querido lector, no había logrado ubicarla en mi mente. Volví a mi cerveza cuando escuché un «Hola» a mi izquierda. «Hola», le dije a la mujer a mi izquierda, sin enfocar sus ojos más de uno o dos segundos. No sólo no la reconocí. No le puse atención.

Sin embargo, algo se me hacía incómodamente familiar en su voz. No estaba seguro si era el timbre, la entonación de sus palabras o esa sutil sensación de que no quería hablarme más que por educación que noté en sus pal…

… No… No ella

 

 

Para cuando pude estructurar mis pensamientos me encontraba en la barra con mi cerveza en la mano y mis manos temblando, sólo unos cuantos segundos después. Había saltado de mi silla, de mi mesa, y había salido prácticamente corriendo.

Quien me dijo «hola» con algo de desprecio, no era otra que la misma mujer que me había causado tanto daño y cuyos efectos persistían aún desde 2019. Aún hasta hoy. La ex que logró destruir lo poco que había construido en lo que a autoestima se refiere burlándose de mí frente a una ciudad entera. Y quien me saludó de primeras, era su hija.

Una a la derecha, otra la izquierda. Estaba rodeado.

 

Hui. No sólo por ella y lo que implicaba en mi dañada alma, sino por lo que en aquella fatídica noche se forjó de forma lateral.

Escapé como alma que llevaba el mismísimo diablo porque por poco y me lleva. Porque, si me quedaba, aquel que me amenazó, posiblemente de muerte, hubiera cumplido con su amenaza.

 

 

 

«Hijo, también eres gente», me dijo mi madre por medio de WhatsApp para convencerme de tranquilizarme un poco y regresar al bar donde me encontraba. Y regresé, para verme con otra persona conocida. Pero ella, al saber del rastro de destrucción que tan mal mentada mujer había dejado a su paso por mi vida, tuvo que escuchar y ver cómo lloraba como tonto por horas mientras aquellas heraldos de desgracia dedicaban lo peor de su repertorio visual hacia mí.

Y si acaso ven estas letras, que sepan que no me arrepiento de llamarlas heraldos de desgracia. Aunque las razones de llamarlas de semejante manera tal vez se queden en la galería de mi mente.

 

Por estas fechas, comencé a elaborar en este blog una serie de historias que iban a ser un compendio fan-fiction acerca de mi serie favorita: Sense8. Lamentablemente, se perdieron.

Pero no temas, mi querido lector, es uno de mis proyectos volver a escribirlas e incluso, si me es posible, mejorarlas.

 

2022

El año 2022, por fortuna, no dejó mucho que contar. Fue un año… digamos que típico. Algunos trabajos, muchas conversaciones, trago y puchos acompañaron este momento de mi vida. No hay algo relevante. Pero 2023… Ese año sí que deja mucho que contar… Pero eso lo escribiré en la siguiente entrada, mi querido lector.

 

Buenas noches…

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